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Seis semanas antes de mi fecha de parto me diagnosticaron colestasis obstétrica, una rara afección del hígado que se produce durante el embarazo, termina en el parto y provoca un intenso picor en todo el cuerpo. En raras ocasiones, puede provocar la muerte fetal, por lo que, para garantizar un parto saludable, las mujeres a las que se les diagnostica esta enfermedad suelen ser inducidas. A las 38 semanas, entramos en el Centro de Ciencias de la Salud de Sunnybrook y, tras 27 horas de parto, me llevaron al quirófano para hacerme una cesárea de urgencia. He aquí cuatro lecciones que aprendí de esa experiencia.

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1. Insignia de honor
Algunas mujeres tienen lo que se llama un «pliegue» sobre el lugar de la incisión. Tras meses de expansión, la piel puede colgar sobre la incisión. En algunos casos, desaparece con el tiempo, pero ese no fue mi caso. Al menos, todavía no. Espero aprender a aceptar este cambio en mi cuerpo. Cada vez que lo miro y me molesta, miro rápidamente a mi hijo. Tuve una cesárea de emergencia y esa incisión fue su única oportunidad de sobrevivir.

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2. Pies hinchados
¡Tus pies se hincharán! Se hincharán y parecerán globos. Y, aunque creas que no pueden crecer más, lo harán. ¿El culpable? Todo el líquido y los fármacos que te inyectan cuando estás de parto o en la preparación de la cesárea. Lo primero que hacía cada mañana al levantarme era comprobar cómo estaban mis pies. La hinchazón tardó catorce días en desaparecer. Mi consejo: Olvídate de que tienes pies durante un tiempo. Entre el aprendizaje de la lactancia y la adaptación a las nuevas alegrías de la maternidad, tus pies deberían ser realmente la prioridad número 30 porque acabarán volviendo a la normalidad. Mirando hacia atrás… preocuparme por mis pies fue una gran pérdida de tiempo.

3. Conceptos básicos de la lactancia materna
Familiarízate con la sujeción del balón si decides dar el pecho. Alimentar a mi pequeño era el trabajo número 1. Pero, rápidamente aprendí que amamantarlo mientras estaba acostado sobre mi estómago era incómodo y generalmente no era recomendado por mis consultores de lactancia. En las primeras 48 horas, mi bebé perdió el 10% de su peso corporal, lo que no era una buena señal, y me sentí responsable. Sin embargo, en los 10 días siguientes recuperó ese peso. La sujeción del balón me ayudó a sentirme más cómoda y a confiar en que mi bebé recibía lo que necesitaba.

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4. La realidad de la recuperación
La recuperación llevará algún tiempo. Los médicos te dicen que tardas unas seis semanas en recuperarte de una cesárea. Pero yo tardé unos dos meses en recuperarme del impacto psicológico de la misma (del que los médicos no te advierten necesariamente). Para mí, no hubo nada más debilitante que no poder hacer cosas por mí misma en las semanas siguientes a la operación. De hecho, me sentía muy impotente, como si sufriera una depresión posparto. Pero, con paciencia y aceptación, empecé a reconocerme de nuevo. Se necesita tiempo para que las hormonas se estabilicen y para que te adaptes a tu nueva vida. Así que, sobre todo, sé amable contigo misma.

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