Las arcillas se dividen en dos clases: la arcilla residual, que se encuentra en el lugar de origen, y la arcilla transportada, también conocida como arcilla sedimentaria, removida del lugar de origen por un agente de erosión y depositada en una posición nueva y posiblemente distante. Las arcillas residuales se forman más comúnmente por la meteorización superficial, que da lugar a la arcilla de tres maneras… por la descomposición química de rocas, como el granito, que contienen sílice y alúmina; por la disolución de rocas, como la caliza, que contienen impurezas arcillosas, que, al ser insolubles, se depositan en forma de arcilla; y por la desintegración y disolución del esquisto. Uno de los procesos más comunes de formación de arcilla es la descomposición química del feldespato.

La arcilla consiste en una lámina de silicatos interconectados combinada con una segunda agrupación en forma de lámina de átomos metálicos, oxígeno e hidroxilo, formando un mineral de dos capas como la caolinita. A veces esta última estructura en forma de lámina se encuentra intercalada entre dos láminas de sílice, formando un mineral de tres capas como la vermiculita. En el proceso de litificación, las capas de arcilla compactadas pueden transformarse en esquisto. Bajo el intenso calor y presión que pueden desarrollar las capas, el esquisto puede metamorfosearse en pizarra.

  • Introducción
  • Propiedades y clasificación
  • Formación
  • Usos
  • La arcilla como suelo
  • Bibliografía

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